Crear un bosque

13 mayo, 2018

Una nueva filosofía de vida: Zero Waste

Las personas damos por supuesto muchas cosas: la Tierra gira alrededor del Sol y sobre sí misma, al día le sigue le sigue la noche, los bebés lloran al nacer, morimos y nuestra materia regresa con otra forma al ecosistema... Son cuestiones que no dependen de nosotros. Pero otras dependen de la acción del hombre. Algunas las hemos interiorizado tanto que no sabríamos vivir sin ellas. Alimentos envueltos, envases de comidas y bebidas para llevar, productos semanales o mensuales de limpieza e higiene, cubiertos, vasos y servilletas desechables, las rebajas anuales en ropa, la publicidad acumulada en el buzón… Es un paisaje cotidiano, está en todas partes. No sólo creemos que son indispensables, sino que ni siquiera imaginamos cómo reducirlos. Y por la noche, cuando el camión de la basura resuena por las calles silenciosas, parece que la basura desaparece… Pero no, porque parte de esos desperdicios se transforman en residuos: deshechos que no son reciclados y acaban en un vertedero o incineradora.

Las estadísticas son números. Los números no son tangibles, pero nuestra cultura visual nos puede ayudar a imaginar el problema: cada persona en este mundo crea una media de entre 1'5-2 kg de basura al día. Multipliquemos eso por 7’5 billones de personas que vivimos en el mundo… Son, en el mayor de los casos, unas 15 millones de toneladas. ¡Imaginemos! Si la emblemática Torre Eiffel pesa unas 10.000 toneladas… eso quiere decir, que la montaña de basura que provocamos cada día equivale al peso de unas 1.500 torres parisinas. Por no irnos tan lejos, en España, una familia de 4 personas genera más de 2 toneladas de residuos al año. El problema es que de éstos sólo se recicla un 14%, lo que da idea del impacto que tiene tanto en el medio ambiente (pudriéndose bajo el sol o contaminando mares y ríos), como en la salud o en la misma economía.

Aclarando términos: basura, desechos y residuos

Basura son todos los restos de actividades humanas que, a primera vista, ya no resultan útiles a quienes los usaron. Dentro de la basura, encontramos desechos y residuos.
Los Desechos son la parte de la basura que no será reciclada, debido a que carece de valor para el usuario, porque no se puede reciclar o son productos contaminantes o tóxicos. Ejemplo: la basura hospitalaria, la radiactiva y los vertidos y materiales sólidos de las diferentes industrias.
En cambio, los Residuos son aquellos que pueden tener una segunda vida, ya sea reutilizándolos o reciclándolos. Aquí nos encontramos los envases de plástico o de vidrio, los metales, la ropa, el papel y el cartón y la basura orgánica. Todos ellos pueden ser transformados en su conjunto o alguna de sus partes y después reciclados por las empresas especializadas (o por las personas, hasta cierto punto).

A lo largo de nuestra vida cometemos el error de la compra por impulso, alimentado por la opción de desechar la compra tras poco uso si no es de nuestro agrado o finalmente no lo necesitamos. Esa actitud tiene unas implicaciones negativas que van más allá de nuestro entorno. El consumo innecesario involucra a mucha gente (muchas veces inmersos en sistemas de trabajo miserables) y la gestión de los desechos/residuos afecta en gran medida al medio ambiente.

Qué es Zero Waste (Cero Residuos)

Antes de convertirse en residuo reutilizable o reciclable, lo ideal es que no se llegue a generar el residuo. Para vivir una vida sostenible hay que simplificar. El estilo de vida Zero Waste consiste en aprender a suprimir, en la medida en que podamos, los malos hábitos de consumo incontrolado e innecesario. La idea es lograr vivir una vida más consciente y más enfocada en el presente que respete el medio ambiente. La clave es tomar decisiones de compra inteligentes basadas en la fuerza de voluntad y dedicar tiempo para informarse sobre dietas saludables, distribuidores de comida sin envases o los sitios de venta de segunda mano. En un segundo plano, si tenemos tiempo, habilidad, creatividad y cierto interés por las manualidades, la reutilización se fundamenta en el movimiento contracultural “Hazlo tú Mismo”. Los impulsores de esta filosofía aseguran que así se protege el medio ambiente y se reduce el gasto económico en la gestión de las basuras.

En definitiva, los ejes del Zero Waste son la responsabilidad y el compromiso personal como promotores de la simplicidad. Y esto conduce a una vida más basada en experiencias y no en pertenencias.

Referentes inspiradores: demostrando que es posible almacenar tus residuos mensuales en un bote de cristal

“Mi familia y yo hemos conseguido una vida que es rica en el hecho de ser, en lugar de tener. Una vida simple basada en experiencias y no en objetos”. En 2006, Bea Johnson y su familia se mudaron al centro de San Francisco y descubrieron que no tenían espacio en la nueva casa para el 80% de sus pertenencias almacenadas. Comenzó un blog donde explicaba sus primeros cambios con el champú, maquillaje, compras en el mercado y ropa. La familia Comenzó a reducir su consumo y descubrieron que, además de llevar una vida más sana que antes, producían muy pocos residuos, tan pocos que cabían en un tarro de cristal de mermelada. Poco a poco descubrieron que “cuando vives con menos, tienes más tiempo para lo que es importante para ti.” Su blog, charlas y redes sociales como youtube hicieron el trabajo de difusión a gran escala. Bea se consolidó como inspiración del movimiento Zero Waste cuando publicó en 2013 el libro Zero Waste Home.

Cinco reglas para comenzar a reducir residuos

Según su experiencia, Bea Johnson definió la regla de las 5 R's: Refuse (rechazar), Reduce (reducir), Reuse (reutilizar), Recycle (reciclar) y Rot (reincorporar o compostar).

1. Rechaza

No sólo se refiere a evitar los impulsos caprichosos ante productos gratuitos de merchandising o los regalos de eventos (llaveros, bolígrafos, camisetas…) El proceso mental es más amplio y es decir no a lo que no necesitas. La sociedad está llena de estímulos consumistas que nos diseña una forma de vivir y consumir. Este primer paso es muy importante porque si un producto no entra en tu vida, no necesita ningún paso posterior.

2. Reduce

Reflexionar sobre los objetos que tienes, uso que les das y si realmente necesitas seguir adquiriéndolo en el futuro. Fuera caprichos. Pensar antes de comprar.

3. Reutiliza

Utiliza materiales reutilizables como botellas/bolsas con los que ir a la tienda para rellenarlos para evitar el uso de envases. Por otro lado, la sociedad nos ha enseñado que cuando algo se rompe se tira y se compra otro nuevo. Lo ideal es arreglar o buscar una nueva vida a tus objetos con otras formas. Convertir es un estímulo para la creatividad.

4. Recicla

Es el último recurso, debes intentar reusar todo hasta que no haya más remedio que reciclarlo (vidrio, cartón, plástico, orgánico…). Hay que clasificar los productos bien para que vayan al contenedor correspondiente. Sobretodo recordar que el orgánico es imprescindible ya que puede contaminar los suelos y las aguas subterráneas si no se tira dónde es debido.

5. Reincorpora/Composta

La mejor opción para darle una segunda vida a todos los materiales orgánicos: utilizar los deshechos alimenticios como abono para las macetas de tus plantas o en tu jardín.

Efectos de una vida sin residuos

Al hacer balance, en términos pragmáticos, Bea Johnson explicaba que gracias a su nuevo modo de vida los gastos de la familia se habían reducido hasta en un 40%. Más importante: piensa que su vida es más acorde ahora a sus valores y necesidades reales gracias a su resistencia al consumismo (necesidades que las empresas y marcas crean).

Además, su familia ha mejorado su alimentación y su salud. Al guardar los alimentos en envases de vidrio, éstos mantienen todo su sabor y propiedades ya que los de plástico contaminan la comida.

Bea también se ha convertido en una experta a la hora de recuperar objetos: los vaqueros que se le quedan cortos se convierten en unos shorts y con la pernera sobrante fabrica saquitos de tela (también rediseña sábanas usadas como bolsas) para llevar a la compra. “El tener menos ropa facilita elegir qué nos ponemos. Siempre acabamos poniéndonos lo mismo”.